A llorar al río

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El éxito de una política se mide por sus resultados. Esta es una máxima común entre quienes hacemos análisis sociopolítico.

Y, una política nunca será exitosa si esta se realiza con un espejo en una mano y un fuste en la otra. El primero no te deja ver el mañana y el segundo te hace perder la sindéresis.

Eso le ocurre a la dirigencia de la oposición en nuestro país. Algunos de ellos, como viudas de la cuarta república, andan lamentándose de la perdida de sus privilegios pretendiendo endosársela al pueblo. Pretenden hacer creer que antes se vivía mejor, porque ellos vivían bien. Quieren retrotraernos a un pasado cuyo legado es la negación de la esperanza de vivir mejor.

Otros, bajo el patrocinio de empresarios nacionales e internacionales, de los medios de comunicación y de gobiernos extranjeros se creen poseedores de un gran carisma.

Y es que, como se recordará, a partir de los años ochenta de la centuria pasada, se nos quiso inducir a la pérdida de la fe en la posibilidad de alcanzar la felicidad. Hay que vivir el presente porque el tiempo por venir está lleno de incertidumbres, por tanto no hay futuro. Fue una afirmación que, el pensamiento único neoliberal, hizo permanente en su prédica absolutista.

Cuán equivocados están al creer en la inmovilidad del tiempo. No logran entender que hoy vivimos de una manera y mañana de otra. Lo cual conduce –de manera indefectible- a actuar en correspondencia con ese nuevo tiempo.

No logran entender que hay unos principios éticos que son los que dan razón de ser a esa nueva manera de pensar la sociedad, de pensar al ser humano como sujeto de la historia.

No logran entender que los venezolanos no hemos perdido la fe en poder vivir mejor. Que somos un pueblo lleno de esperanzas.

Que la utopía de éste tiempo, y para este tiempo, es una utopía pensada desde la sociedad real en que vivimos. Alimentada por los principios de felicidad, libertad e igualdad, heredados de la Ilustración, y que el capitalismo en su voraz apetito de dominación tergiverso y desnaturalizó para colocarlos a su servicio.

Que nuestra esperanza, sueño y utopía de fraguar una nueva formación social venezolana tiene la mirada puesta en la construcción de un futuro real. De un futuro que no deseche el pasado, pero que tampoco “suelte anclas” en él.

Pues bien, mis estimados amigos, construir una Venezuela en donde se alcance el Buen Vivir. En donde la libertad sea la emancipación del ser humano. En donde la felicidad, la igualdad, la equidad, la justicia social, sean principios éticos que signen el curso de la vida. En la que el tú y yo sea un nosotros. En la cual el ser humano viva como humano. En la que ser humano entiende a que él no es distinto a la naturaleza, sino que es ella. Es por lo que, pensar una dialéctica de la esperanza es el sueño, la utopía, de éste tiempo y para éste tiempo.

Esto no lo entiende la oposición. Por eso el pueblo venezolano la mandó: A llorar al río.

@HugoCabezas78

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