El acierto de una política

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Siempre se ha dicho que “el acierto de una política se mide por sus resultados”. Resulta ser ésta una afirmación incontrastable. Sobre todo si, ese acierto, conduce a una victoria. Y, hoy podemos afirmar que el gobierno de Nicolás Maduro, ha obtenido una gran victoria. La cual, termina siendo una victoria de Venezuela toda: Se reanudo el dialogo.

Por muchas vueltas que de la MUD, para justificar su asistencia a la Cumbre de Santo Domingo, República Dominicana, lo cierto es que, “con el rabo entre las piernas”, tuvo que aceptar dialogar, tuvo que aceptar que su obstinada política golpista, insurreccional y violenta había sido derrotada. Tuvo que aceptar la recuperación popular del gobierno nacional, de la legitimidad constitucional de la Asamblea Nacional Constituyente y de los Poderes Nacionales.

La diminuta asistencia de sus militantes a la convocatoria de elecciones primarias para seleccionar sus candidatos a gobernadores, el domingo pasado, no hizo más que constatar lo sucedido el 16 de julio cuando convocaron el llamado “plebiscito”. No hizo más que reafirmar que estábamos en presencia de una “crónica de una muerte anunciada”.

Y es que, la “catajarria” de errores cometidos por la MUD, no cabe en ninguno de los océanos de nuestro globo terráqueo.

Uno de los primeros, y más grave, fue haber sobredimensionado la capacidad analítica de una intelectualidad tradicional que se creía poseedora de la verdad. Una verdad sin sustento lógico. Una verdad que los llevó a negar hasta los valores patrios de nuestra nación. Llegando al extremo de denigrar del carácter libertario de la gesta bolivariana; así como también, la pertinencia de seguir llamando a nuestro país: la Patria Venezolana.

Y, no menos importante, ha sido el de que –ante la derrota interna-, recurrieran a los detestables planes de intervención extranjera. Presurosos acudían a los llamados del Departamento de Estado para recibir órdenes; en los últimos meses, luego de la derrota de sus guarimbas y planes de violencia terrorista, Julio Borges, Fredy Guevara y Luis Florido, entre otros, han recorrido el mundo pidiendo una invasión al suelo patrio. En las pasadas elecciones del país del Tío Sam, apoyaron a la Sra. Clinton; pero, cuando Trump, comenzó a “tirarnos piedra”, sin el mayor rubor, se lanzaron a sus pies: ordénenos nuevo amo, nosotros cumpliremos. Ni eso hizo bien, el oposicionismo. Por lo que, el mandatario gringo asumió personalmente la dirección de la conjura contra la patria de Bolívar y Chávez.

Pero sobre todo, a la hora de elaborar su abstruso y vacío discurso político tradicional y traducirlo a un lenguaje aparentemente más sencillo, mostraba su enorme incapacidad de comprensión de la realidad nacional y del pueblo venezolano. Sus técnicos de la política creyeron que, la sociedad venezolana, era un rompecabezas, el cual podía armarse con cierta facilidad. Le quitaron a la política el lado humano,que es su razón de ser.

Ante el crucero de errores de la MUD, nosotros nos mantuvimos firmes en nuestros principios y proposiciones. Cada día ratificamos, ahora con mayor fuerza y vehemencia, nuestra condición de país libre y soberano; el carácter democrático, participativo y protagónico de nuestro régimen democrático; nuestro irrenunciable apego a la Paz, como principal condición para la convivencia de un pueblo que es uno solo; nuestra inquebrantable lucha por alcanzar la justicia social, el cumplimiento de todos, absolutamente todos, los derechos humanos. De estos principios no nos aparta nada ni nadie.

Allí está el acierto de nuestra política. Allí está la explicación de nuestras victorias. Allí está la inteligencia del Presidente constitucional Nicolás Maduro.

Amarga: Tan amarga como la hiel, la puñalada por la espalda que le están dando Julio Borges, Fredy Guevara y Luis Florido, entre otros, a la Venezuela que es de todos, al recorrer el mundo pidiendo a las potencias capitalistas la intervención militar y el asfixiamiento económico y financiero. Afortunadamente, su apátrida solicitud, comienza a ser desoída.

Dulce: Tan dulce como la miel de nuestras abejas. El reinicio del dialogo. El dialogo es la Paz y, los venezolanos, hacemos de la Paz una creencia religiosa.

@HugoCabezas78

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