Ninguna extrañeza puede causar la manera como esta actuando el Imperio en la era Trump. Un análisis somero de ello nos dice que, estamos en presencia de una reacción natural porque sienten que pierden poder.

Y es que el Imperio creyó que, derrumbados el muro de Berlín y la Unión Soviética, que dominando el Medio Oriente y volviendo a convertir a Latinoamérica en su patio trasero, a través del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), el camino para el establecimiento de un mundo unipolar les resultaba expedito.

La geopolítica universal de finales del siglo XX era compleja. Llena de incertidumbres. Alemania no logro convertirse en la potencia que se esperaba, ni Rusia lo dejo de ser. Aun más, nuevas potencias emergieron. China y la India, son un claro ejemplo. Los Tigres Asiáticos, que con tanta pompa fueron colocados como el ejemplo a seguir de una economía mundial globalizada, comenzaron a vivir un claro estancamiento. América Latina se presentaba como un área con horizontes halagadores.

El mundo era otro. El único que no se dio cuenta de ello fue el Imperio estadounidense.

El Consenso de Washington mostraba sus falencias. El neoliberalismo perdía encanto.

Las soluciones propuestas acerca de una reintegración de la economía liberada a escala global, no les fue posible. Fracasaron igualmente en sus pretensiones de establecer instituciones transnacionales. Creyeron que a través de sus propuestas políticas podían alcanzar soluciones globales a problemas globales. Pero, donde más se equivocaron fue en creer que lograrían establecer una única forma de pensar, que el pensamiento único sería la formula mágica para dominar el mundo.

Ante esa realidad, al ver sus pretensiones hegemonizadoras frustradas, el Imperio activo su poderío militar, aunque a decir verdad nunca ha dejado de recurrir a él.

Las invasiones al Medio Oriente, la creación de Al Qaeda y del Estado Islámico. La desestabilización política y económica de los países del Cercano Oriente. La invasión a Libia. Y, lo más reciente, su intromisión en los asuntos de Siria y Turquía, constatan lo afirmado.

Para la dominación de América Latina se plantearon una estrategia distinta. En 1994 se realizó la primera Cumbre de Mandatarios y Jefes de Estado de las Américas, en Miami. Aprobaron en ella la creación del ALCA. Éste habría de ser el mecanismo a través del cual el imperio dominaría al continente latinoamericano. En el 2005, en la Quinta Cumbre, realizada en Mar del Plata, Argentina, los pueblos de América rechazaron dicha pretensión. La derrota del imperio fue estruendosa.

Como perra en celo, y que me perdonen las perras, el imperio trazo una nueva estrategia para dominarnos: La desestabilización política y económica de nuestros sistema democráticos.

La demofobia imperial se hace realidad a través de los golpes de estado, golpes parlamentarios, destituciones ilegales, guerras económicas, chantajes, odio y muerte como mecanismos instrumentados en el hemisferio. Así lo hicieron en Venezuela, Honduras, Paraguay y Brasil. Por esa vía lograron conformar el llamado Grupo de Lima.

El Departamento de Estado es el organismo a través del cual esta se implementa. Los halcones dirigidos por el Senador Marco Rubio, del Partido Repúblicano, es el nuevo hegemón de la conjura.

La Doctrina Bush alcanza con Donal Trump una nueva dimensión.

Convencido el mandatario del imperio y sus principales aliados la ultraderecha norteamericana y europea, y sus acólitos en el hemisferio, de que con la dirección de la oposición agrupada en la MUD no lograrían derrocar al Presidente Nicolás Maduro, traza un nuevo plan y asume directamente la conducción del mismo.

La designación de Todd Robinson, como nuevo encargado de negocios de su gobierno en nuestro país; la de Mike Pompeo, como nuevo Secretario de Estado y la de Mike Pence, como Vicepresidente, es una clara constatación de que el Imperio viene con todo.

El pueblo venezolano los volverá a derrotar.

@HugoCabezas78

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here