Los volvimos a derrotar

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No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el dicho popular. Y es que tanto el Imperio estadounidense, sus adláteres de la Unión Europea y el autodenominado grupo de Lima como la oposición venezolana han sido invidentes absolutos frente a la realidad nacional (y que me perdonen quienes padecen de esta incapacidad física).

El imperio y sus arlequines montaron una fiesta bufa. Organizaron una orquesta con músicos cuarto republicanos, incapaces de interpretar siquiera un mosaico de la Billo. Julio Borges y Antonio Ledezma creyéndose superiores al Maestro José Antonio Abreu y Aldemaro Romero, se autonombraron directores de la misma. Pero, a decir verdad, aun cuando ni siquiera sabían mover la batuta reciben una buena paga. Los contratos han sido jugosos.

De músicos han fungido sesudos analistas que se ufanan de ser consultores del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Que condenan el marxismo sin haber leído a Marx. Que creen que en Robert Dalh o Alain Touraine está la explicación de la política nuestra. Que, con una incontinencia verbal “como loros agarrados por la cola”, recitan la periclitada tesis de Fukuyama del Fin de la Historia. Y, por si fuese poco, contrataron como una estrella de la percusión al inefable Luis Almagro.

Con una orquesta como esa a quién le provoca bailar. Y es que, si de algo nos sentimos orgullosos los venezolanos es que no podemos oír, aunque sea a lo lejos, a Oscar D` León porque empezamos a “mover el esqueleto”.

El Imperio, después de poner en práctica las más variadas practicas desestabilizadoras de la democracia venezolana, se dio cuenta que con esa dirigencia de la oposición nunca tumbarían al Presidente Nicolás Maduro.

Diseñó una nueva estrategia. Sino lo tumbo desde adentro lo hago desde afuera, se dijo. Regresó a la OEA. Desde su “patio trasero” presionó, chantajeó y amenazó a los países miembros para hacer aprobar declaraciones contra Venezuela. Sin embargo, el objetivo de aplicarnos la Carta Democrática Interamericana no lo logró.

Ante esa situación no le quedo más “remedio” que conformar con los gobiernos más nefastos del hemisferio el autollamado grupo de Lima. Ellos son sus nuevos espadachines. Son los peones de la nueva estrategia golpista del Imperio.

Le sirven, junto a la Unión Europea, como difusores de la vil campaña mediática que han trazado para satanizar a nuestro país y, poder así, darle justificación a las medidas coercitivas unilaterales que los gobiernos de Obama y Trump, han diseñado e instrumentado contra la patria heroica de Bolívar y Chávez. Aquí, el éxito comienza a desvanecérseles.

El imperio, haciendo uso de su enorme poder económico y financiero, ha recurrido a un nuevo escenario: el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del cual se retiró por no se complaciente con sus exigencias.

En dicho organismo, con una mayoría pírrica, 23 de 47 miembros, aprobaron un proyecto de resolución a través del cual pretenden monitorear a nuestro país. Resolución que viola las normas del derecho internacional, referidas a la soberanía y libre determinación que tienen los pueblo a decidir su propio destino. El objetivo de la misma es crear las condiciones para justificar una invasión militar a nuestro país.

Y, aquí volvieron a pelar bola. Los volvimos a derrotar. Maniqueamente han vendido la tesis de la existencia de una supuesta crisis humanitaria en nuestro país.

De la manera más irresponsable hablan de la “diáspora” de venezolanos que huyen al exterior. Cifras van y vienen. Cada uno tiene las suyas. “Mientras más altas mejor porque generamos mayor incertidumbre”, se dicen entre ellos. Cifras construidas a partir de los datos aportados por los ilegítimos gobiernos del autodenominado grupo de Lima. Para ello, se han valido –incluso- de funcionarios tarifados de algunas dependencias de órganos multilaterales.

Una sesuda investigadora de la Universidad Simón Bolívar, creyéndose candidata al Nobel, habló de cinco millones. Si ello fuese así, entonces, no habría desabastecimiento de productos básicos en el país. Ni mentir saben.

Pero, el “talón de Aquiles” de esta conjura golpista está en creer que son ellos los únicos que pueden ayudar en la superación de la prefabricada crisis humanitaria. Y aquí la derrota es profunda. No contaban con la cooperación solidaria que países hermanos del mundo nos están brindando. Rusia, China, India, Turquía, Siria, son -entre muchos otros- nuevos proveedores de productos industrializados y materias primas, con lo cual estamos haciendo posible que el Plan de Recuperación y Prosperidad Económica comience a dar resultados exitosos.

No hay lugar a dudas: a un pueblo y a un gobierno, cuyo principio fundamental sea la dignidad, no lo derrota nadie.

@HugoCabezas78

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