El Petro: ¿Tiene futuro la criptomoneda venezolana?

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El Petro la criptomoneda de Venezuela

El domingo el presidente Maduro anunció la creación de una criptomoneda venezolana llamada Petro la cual estaría respaldada por las riquezas minerales del país (oro, petróleo, diamantes). Esta decisión parece responder tanto al cerco financiero que se ha ido estableciendo en torno al gobierno venezolano y tal vez también a la devaluación de facto del Bolívar.

Pero ¿qué es una criptomoneda? y ¿qué posibilidades tendría esta criptomoneda petrolera?

Criptomonedas

Cambios que están ocurriendo en el terreno de las finanzas: por un lado la desaparición del dinero en efectivo, por el otro el nacimiento de las tecnologías financieras o fintech que permiten comprar, vender y ahorrar sin necesidad de recurrir al sistema bancario tradicional.

Todos estos cambios giran en torno a la aparición del dinero digital que es, simplemente, uno que está representado no en billetes y monedas tangibles sino en unidades de información, tal como este artículo que no está hecho de tinta y papel sino de bits.

Hay que distinguir la moneda digital de la digitalización del dinero: la mayor parte de los bolívares están digitalizados pero eso no quiere decir que el bolívar sea una moneda digital pues cada bolívar está respaldado por reservas de oro y divisas en el Banco Central, por demás, uno puede ir al banco y sacar sus bolívares de forma tangible.

La moneda digital, por otro lado, se crea y se almacena electrónicamente, solo existe dentro de los dispositivos electrónicos como computadoras y teléfonos inteligentes. Las criptomonedas son un tipo de moneda digital basado en la criptografía, un método que impide la falsificación.

Criptografía son los métodos que permiten codificar la información para enviar un mensaje de manera segura y privada, y para la seguridad y autentificación de datos. Así como un billete tiene una serie de marcas y sellos tangibles que permiten saber que no ha sido falsificado, una criptomoneda contiene una combinación de cifras que permite verificar que no ha sido falsificada y que, por ejemplo, a un tipo no le dio por fabricarse unos bitcoins en su computadora en vez de comprarlos.

Lo que hace revolucionarias a las criptomonedas es que, a diferencia de las monedas tradicionales, no hace falta que sean validadas por el Banco Central de un país: mediante una serie de reglas muy precisas: dos particulares pueden hacer un negocio usando bitcoins sin que haya necesidad de que un banco central valide que la moneda es auténtica o que tiene valor, es decir, a diferencia de una moneda tradicional que está validada por los gobiernos una criptomoneda está validada por la misma comunidad que está intercambiando.

En ese sentido podemos decir, sin exagerar, que el Bitcoin es una “Anarcomoneda”. Por eso muchos se sorprendieron cuando el gobierno venezolano habló de crear su propia criptomoneda. Más, para eso, hay razones muy específicas.

Los motivos

La política del gobierno venezolano, desde 2003 hasta la fecha, ha sido la de un control de cambios severo en que los particulares no pueden poseer ni manejar divisas de ningún tipo dentro del territorio nacional, el estado puede asignarles divisas para viajes o importaciones pero estas, además de que pasan por un proceso muy complicado, solo pueden usarse fuera de Venezuela.

Que un gobierno que se ha preocupado tanto por centralizar y controlar el flujo de divisas de repente recurra a la criptomoneda –las divisas más descentralizadas que existen– tiene una razón muy específica: las sanciones económicas.

Desde mediados de este año una serie de sanciones financieras al gobierno venezolano por parte del de los EEUU han limitado todavía más la capacidad de movilizar divisas en el exterior para realizar pagos o hacer importaciones. De hecho estas sanciones solo vienen a legalizar lo que ya venía pasando de facto.

Por eso el gobierno ha hecho apuestas complejas y arriesgadas como la de asignar yuanes, rublos y euros a los importadores en vez de dólares.

El uso de criptomonedas solo sigue esa línea.

Como otras tecnologías financieras las criptomonedas no tienen nada que ver con el sistema bancario tradicional, son un sistema paralelo que funciona libremente a través del internet. Eso quiere decir, que si el gobierno quiere pagar por una maquinaria que se encuentra en los EEUU, le puede hacer un pago en Petros al fabricante con la misma facilidad con la que se envía un correo electrónico o un mensaje de texto sin que las autoridades americanas puedan hacer nada.

Esta, parece ser, es la principal razón por la que el gobierno quiere usar criptomonedas.

Ahora bien, hipotéticamente, teóricamente, esto suena muy sensato. De hecho, ya hay empresas usando criptomonedas para comerciar con países que están bajo sanciones económicas. ¿Podría Venezuela hacer eso?.

Pros y contras

Los desafíos del Petro no son técnicos: solo hacen falta las computadoras y los programas adecuados para poder producir la criptomoneda “Puedes conectarte a internet y crear tu propia criptomoneda en 20 minutos copiando y pegando código de software”, le dijo a BBC Garrick Hileman, historiador económico de la Universidad de Cambridge.

El escepticismo de algunos expertos se basa en otras cosas: en qué pasa si una tecnología creada para descentralizar transacciones se usa para centralizarlas, y en cuál confianza puede despertar la nueva moneda.

En efecto, el Petro sería una criptomoneda muy sui generis pues a diferencia del Bitcoin, que es generada por un sistema informático sobre el que nadie tiene control directo, el Petro sería generado por el gobierno venezolano.

Esto no quiere decir que el Petro no pueda funcionar, sino que, en la práctica, más que una moneda digital sería una divisa alternativa al bolívar, es decir, en la práctica Venezuela tendría dos monedas oficiales: el bolívar dentro del sistema bancario tradicional y el Petro para transacciones internacionales.

Mientras el primero está respaldado por las Reservas Internacionales, el segundo lo estaría por las de oro, diamantes, gas y petróleo.

Sería el primer caso en que un gobierno usara sistemáticamente las fintech para evadir el sistema financiero tradicional.

Lo cual nos lleva al problema de fondo que es la confianza.

Una moneda vale más en la medida en que es más solicitada y es más solicitada mientras más fuerte es la economía y la posición del país que la emite.

Claro que esto tiene sus bemoles: la moneda más fuerte del mundo debería ser el Yuan pero China la mantiene devaluada para que sea más barato comprar productos Chinos.

El dólar no debería ser tan fuerte, dado el estado de la economía de los EEUU, pero su solidez viene de la posición geopolítica de ese país, algo parecido ocurre con el Euro.

Como sea, cuando alguien compra una divisa es porque espera poder revenderla con ganancia, ahorrar, o poder usarla para comprar cosas en los mercados internacionales.

Es así con el dólar, el euro, el yuan y con el Bitcoin. Así será con el Petro si el gobierno empieza a emitirlo.

Así que la cosa es ¿habrá gente interesada en comprar los Petros cuando sean emitidos? ¿Esa demanda será suficiente para que sea una moneda fuerte?

Ahí es donde se pone complicada la cosa: para eso el gobierno debe poder generar confianza tanto en sí mismo como en la economía venezolana, eso quiere decir que el lanzamiento de esta criptomoneda no solo es una operación técnica o financiera sino geopolítica.

Para los expertos entrevistados por la BBC esta confianza reposa, en gran medida, en el acceso a los activos que respaldarían a esta moneda. Según Jesús Palau, profesor del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de ESADE:

“La única manera de que alguien le dé dinero a Venezuela, dada su situación económica actual, sería dar un tratamiento privilegiado… Convencer a alguien de que los únicos que cobrarán en oro o petróleo serán quienes tengan esta criptomoneda”.

Para Hileman las perspectivas son mejores: “Si se arma adecuadamente, es algo que puede funcionar e incluso solucionar algunos de los problemas de Venezuela, como darle una moneda fiable”.

El profesor de Cambridge plantea una cuestión bastante sensata respecto al futuro del Petro, la accesibilidad de los activos que la respaldan y la confianza de los que adquieran los Petros de que pueden acceder a ellos:

“¿Dónde se guardarán estos activos (el petróleo, el gas, el oro y los diamantes)? ¿Quién los custodiará? ¿Estarán en Nueva York? ¿En Londres?”.

Según Hilman Venezuela debería designar un custodio independiente que garantice que, si es necesario, esas materias primas lleguen hasta los propietarios de Petros.

Este es un punto importante porque, al contrario de lo que solemos creer en Venezuela, las riquezas del subsuelo solo son potenciales, es decir, igual que un huevo no es un pollo, un país no es rico porque tenga muchas cosas bajo la tierra sino en la medida en que las extrae y las hace disponibles.

Eso quiere decir que el Petro tendría que ser respaldado por millones de barriles de petróleo, tanques de gas y lingotes de oro que deben estar, tal como las reservas internacionales, resguardados en algún lugar.

¿Serían nuestras reservas internacionales alternativas?

Todo esto requiere no solo la activación del polémico proyecto del Arco Minero sino la recuperación de la productividad de PDVSA además de unas operaciones logísticas complejas y costosas en las que, tal vez, Venezuela tendría que recurrir a aliados como China o Rusia que podrían ser esos custodios independientes de los que habla Hilman.

¿Estarán interesados estos titanes de la geopolítica en apostar por un sistema de pagos alternativo? Si lo están ese podría ser un giro mayúsculo en las finanzas mundiales.

Así, más allá de ser un nuevo giro en la crisis Venezolana, el Petro, con todas sus implicaciones, podría ser un momento importante en la emergencia de todo un nuevo sistema financiero.

Por Fabio Zuloaga

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