Difícil pregunta de responder. Sobre todo en política y, mucho más, ante una derrota. Hay que tener mucha hidalguía para asumir la autoría de ella. Yo no fui. Fuiste tú. Son las frases más comunes, ante un caso como éste. Y, cuando la cosa se pone más complicada, la mejor salida es echarle la culpa a la mala suerte. El azar se convierte -de tal manera- en el aliciente que cobija la incapacidad, que inhibe de responsabilidad, es una extraordinaria mampara que permite ocultar los errores cometidos.

Una conducta como ésta se nos ha hecho normal en la política venezolana. Cotidiana. No recordamos a ningún dirigente que, habiendo sido derrotado en la conducción de un proceso político, haya reconocido su responsabilidad y haber puesto su cargo a la orden, para que nuevos dirigentes conduzcan los procesos por venir. Aunque admitimos que puede haber ocurrido en la elección de la directiva del Rotary Club, o de alguna Junta de Vecinos, o de algún reinado de belleza, pero lo desconocemos.

Pero, lo que nos tiene sobre exaltados, y no nos deja salir del asombro, es el caradurismo de la dirección del oposicionismo. Según han declarado sus principales dirigentes, la culpa de su derrota la tiene el chavismo por haber ganado las elecciones del 15 de octubre pasado.

Afirmación más irresponsable imposible. Por mucha vuelta que se le dé, no se le encuentra sentido lógico. Aquí sí es verdad que la gata se comió todos los gaticos. Ni nuestro siempre admirado y recordado, Mario Moreno “Cantinflas”, fue capaz de hacer una afirmación como esta. Y, recordemos que, con su verbo, construía las más diversas y complicadas paradojas, lo cual le otorgó la inmortalidad. Aunque, de manera contraria, con esta afirmación los líderes del oposicionismo estén reconociendo su requiéscat in pace.
Ello es lamentable. Y lo es, porque degrada la política. Le quita su carácter ético. La despoja de su belleza, al quitarle el rostro humano. La irracionaliza, al convertirla en una práctica mercantil. En fin, destroza la política.

Uno a veces se pregunta si, los dirigentes del oposicionismo, no se dan cuenta de sus limitaciones y de su errático proceder. Pero no encontramos respuesta. Sobre todo porque, no son solo ellos quienes actúan de tal manera; sino que, sus más lúcidos analistas proceden de la misma forma, llegan a las mismas conclusiones. Dan más vueltas que un malabarista, tratando de explicar lo inexplicable, para justificar lo injustificable. Y, poder de tal manera, seguir ocultando su irresponsabilidad e incapacidad, al no dar respuesta a la interrogante de: ¿Quién es el culpable?

Dulce: El cambio es asombroso. La institucionalidad democrática de nuestro país luego de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, así lo demuestra. La victoria del 15 de octubre es su reafirmación. El acierto de las decisiones políticas adoptadas por el Presidente Nicolás Maduro, le han devuelto al venezolano la Paz y el sosiego. Nuevos aires se respiran. Nuestros compatriotas sienten que, después de la derrota de la violencia terrorista estimulada por la oposición, Venezuela vuelve a ser otra. Tanto es así que, hasta el gobierno gringo, ordenó regresar a todo su cuerpo diplomático.

Amarga: La insistencia del autollamado Grupo de Lima, en su actuación contra Venezuela, no conoce parangón en el hemisferio. Tan degradante papel no se llegó a cumplir, ni siquiera en los tiempos de la guerra fría, cuando nuestros países eran el patio trasero del imperio. Son claro ejemplo del coloniaje neoliberal. Dan pena ajena, menos mal son minoría.

Hugo Cabezas @HugoCabezas78